El camino de la política exterior de los Estados Unidos

trump-decision-corea-del-norteAún recuerdo esos discursos del Presidente Trump durante su campaña. En ellos hacía énfasis en que los Estados Unidos no podía ser la policía del mundo, en que los Estados Unidos debía mejorar sus relaciones con sus aliados no tradicionales, en total alusión a Rusia, y que si los países miembros de la OTAN querían su protección y que el artículo 5 de la OTAN se mantenga vigente, estos debían aportar al menos entre el 2% y el 3% de su PIB nacional. Y es que los Estados Unidos aporta el 65% de todo el presupuesto de la OTAN, por lo que reclamar un poco a Europa es más que legítimo. Sin embargo, tras la llegada de Trump a la Casa Blanca la política exterior de los Estados Unidos ha cambiado. Pero para mal. Por ejemplo, tras el uso de armas químicas por parte del régimen de Bashar Al-Assad en la provincia de Idlib provocó que Trump decidiera lanzar 59 misiles Tomahawks en contra de aviones del ejército en un aeropuerto al norte del país. Estas medidas, impulsadas por las imágenes terribles de niños muertos y en gran parte por la opinión pública y el bipartidismo estadounidense, fueron un riesgo para los aliados de los Estados Unidos en la región como Israel. ¿Por qué?

Porque si Irán, quien es un aliado clave del régimen de Al-Assad y quién ha gastado más de $100 billones de dólares en pago de sueldos a los 70,000 combatientes que tiene en territorio sirio, decidiera salirse del acuerdo nuclear hubiera tenido legitimidad en hacerlo como en respuesta a una agresión contra uno de sus aliados. Claro, esto no le hubiera beneficiado al país persa, pero esto hubiese puesto en riesgo el que la retórica en contra de Israel aumentara y se amenazara más cotidianamente al estado judío con que Irán pudiera atacarles desde alguna de las 13 bases militares que tiene en Siria. De hecho, esto pudo haber provocado el que Irán comenzará a desarrollar, con total libertinaje, misiles balísticos con alcance superior a los 2,000 km. Algo que aunque no oficial, se delimitó bajo la administración pasada. Por otro lado, ni hablar del caso ruso. A pesar de que Trump defiende a Putin a capa y espada, no se lleva bien con Angela Merkel, es blando con la OTAN y prefiere dar información de Daesh provista a los israelíes a miembros del gobierno ruso, las relaciones no han mejorado formalmente debido a agresiones como estas. Un ejemplo de esto es el fin de coordinación entre la aviación de ambos países en Siria, y los recientes ataques estadounidenses contra un dron de Irán y el derribo de un bombardero del ejército sirio en áreas controladas por los kurdos al norte de Siria.

También, y aunque esto no sea culpa de la actual política exterior de los Estados Unidos, el ascenso de los talibanes en Afganistán es un ejemplo del desastre creado por los Estados Unidos y la OTAN en el pasado y que ahora amerita atención. Luego de que Estados Unidos y la OTAN invirtieran billones de dólares en el ejército afgano, estos no han podido controlar las distintas facciones yihadistas e islamistas en el país. Entre estos, destacan Daesh y los talibanes, quienes ya controlan más del 50% del país y quienes realizan ataques terroristas de aspecto masivo contra población civil en cascos urbanos como Kabul semanalmente. Incluso, a veces varios ataques en un mismo día.  Ante este panorama, el presidente Trump está considerando, y ya casi es un hecho oficial, enviar entre 3,000 y 5,000 soldados estadounidenses a Afganistán para contener el avance tanto de Daesh en las montañas como el de los talibanes.

Otro ejemplo del desastre de los Estados Unidos, el cual al igual que Afganistán se debe principalmente a la salida volátil del ejército estadounidense de este país tras la llegada de Obama sin este tener un gobierno y un ejército estable, es Irak. Tras estar finalizando otra guerra más de cuatro años, en esta ocasión contra Daesh, el país chií queda más polarizado y fractado que nunca. Al final, parece que el kurdistán iraquí buscará su independencia y mientras los chiíes buscarán centralizar aún más sus poderes. Entonces, ¿reconocerá los Estados Unidos la declaración de la soberanía nacional de una porción del pueblo kurdo- su “nuevo aliado” en Siria e Irak- y permitirá el que la influencia irani en Irak siga creciendo, o apoyarán a los chiíes iraquíes? Al día de hoy, y luego de haber firmado un acuerdo militar catalogado en $100 billones de dólares con Arabia Saudí y tras haber vendido 35 aviones F-15 a Catar por $12 billones de dólares-en pleno conflicto con sus vecinos- Estados Unidos debe replantearse muchas cosas. Incluso, evaluar si su estrategia proxi, como lo es en Yemen o Ucrania, es la correcta. Ante esto no me cabe la menor duda que este es el momento de que Estados Unidos no podrá ganar todos sus frentes, como es el caso sirio, y que debe comenzar a usar la diplomacia “dura” como arma clave en todos estos frentes.

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